Resumen
El presente trabajo trata de expresar la condición discriminatoria y acusatoria que los mapuches han venido arrastrando desde hace más de 500 años. Por ello es Alonqueo, personaje conceptual que desarrollará este proceso reflexivo, posee la responsabilidad de entregar esta crítica en tres segmentos que son: el hombre polémico, competencia y justificación. En el primer apartado, se da el proceso reflexivo que lleva a la construcción de este personaje anacrónico y subversivo; mientras que en los apartados de competencia y justificación, se revelan los territorios por los cuales se desenvuelve y construye (en una relación recíproca) y las reflexiones ético- morales que nos caben como individuos habitantes de una comunidad de iguales que pueden y deben dialogar.

El Hombre Polémico


Al reflexionar acerca de un referente conceptual de nuestros tiempos, surge casi de forma automática la figura de un hombre que se distingue de los otros por su altivez de carácter e irrenunciable postura vital, una respiración natural que lo pone al margen y lo hace diferente al ciudadano de su tiempo. Es un contestatario, según los medios, por su forma de ver y oír el conocimiento a su alrededor; consistencia que el hombre de Chile Occidentia, patria de los apatriados mentales en que se había convertido esta tierra que observa al pacífico, perdía a cada momento en la democracia protegida del vivir homogeneizador de las culturas. Para este fin, las instituciones de las grandes metrópolis pertenecientes a este Estado, alimentaban una máxima: la búsqueda de las luces del saber moral e intelectual como valor y norma dentro de un modelo de expectativas y lucha por posicionar saberes.

Este hombre surgió de los llamados “hijos de la tierra”, pueblo de sabios que habitaba las tierras de Chile Occidentia desde antes del nacimiento del profeta Jesucristo. Sus padres lo llamaron Alonqueo Minchekewun, cuyo significado completo es : “lenguaje claro, lúcido y expresivo, bajo el poder del saber”. Rehusó desde pequeño ser educado por la narración de las instituciones funcionalizantes, ministerios del saber curricular encargado de llevar a cada chileno occidentia al lugar que le correspondía de acuerdo a las puntuaciones de coherencia adaptativa (1). Alonqueo siempre cuestionó el hecho de que los chilenos occidentia se refirieran al concebir como “un milagro de la vida”, siendo que ese milagro seria sometido desde la mas tierna infancia a una seria de condicionamientos sobre él o ella , muchos de ellos llenos de crueldad, como lo son los procesos de selección.

“Sienten alegría de ver que ese niño podría ser un buen reemplazo para un ya capacitado, pero cansado humano”- se decía cada vez que veía entrar a los nuevos estudiantes al proceso de rememoración asistida (2).

El diálogo de este hombre polémico es inclusión y desbordante unificación con sus peñis y lamñens, en la posición que su Azmapu o madre tierra les sitúa; posición de libertad para relacionarse con los poderes mágicos, consistentes en dominar los elementos naturales como la lluvia y el viento, protegiendo así su comunidad de la irascibilidad del erudito. Es un intercambio de significados que logra espiritualizar esta dialéctica de ceñirse a Ngenechen por la posibilidad de mejorar, de deshacerse del cuerpo terreno y convertirse en un semi-dios. Encontraba Alonqueo un símil de esta posibilidad en sus tardes de lectura, habilidad que aprendió de forma autodidacta, leyendo a Zaratustra y su camino hacia al súper hombre. Aunque le agradaban las figuras retóricas utilizadas por el sabio, le complicaba el pensar en que éste buscaba la iluminación dejando de lado la sinergia de lo natural con lo divino.

Un día encontróse discutiendo con un líder de la nación chileno occidentia. Se hacia llamar “delegado de la opinión pública”(3). Alonqueo observaba los rasgos vehementes de su interlocutor cuando este le manifestaba el deber ser del ciudadano. Pero más que sumergir a Alonqueo en una cátedra filosófico – jurídica, el “delegado” lo impelía en cada oración a respetar el derecho de propiedad de lo natural, conceptos tan extraños como inútiles para este wentru (varón) que se desenvolvía como espíritu pasajero hacia un mejor ser.

En fin Alonqueo se veía cada vez más alienado. Su condición indígena mapuche, lo sumergía en la lucha por la devolución de lo históricamente usurpado; mientras los “delegados” abortaban cualquier intento de tener una nación disidente, una nación mapuche.

Alonqueo, expresaba en una conferencia de prensa realizada después de la muerte del weichafe (4) Matías Catrileo, que su disidencia, cito, “no tiene relación con la filosofía de los mapuche, ya que nosotros no buscamos la superposición de un pueblo sobre otro, sino buscar lo que nos hace iguales en tiempos donde pocos saben su proveniencia y destino. Tenemos que buscar la manera de encontrar un espacio común, basado en el entendimiento de nuestras lenguas y dejar de tratarnos como seres irracionales”.

Al día siguiente le propuse que trabajáramos en una política que insertara nuestra semántica en el dialogo Huinca (5), compartir nuestro kimun (6) de una manera diferente a la que los gobiernos a lo largo de la historia nos han acostumbrado: con exclusión. ¿Cómo comenzar este derrotero? Extrayendo del ideario del ciudadano al personaje revolucionario y proclive a la lucha armada, aquél que conspira contra el Estado; en definitiva, cambiar al terrorista por el territorial que busca amparo en la instancia internacional , al verse sepultados sus intereses por un latifundio que crea política a su favor al levantar la voz.

¡Creemos una política diversa, lejos de los proteccionismos y de los irrenunciables orgullos de raza! ¡Es hora de reconocernos en nuestras carencias y preguntarnos qué tan creíbles son nuestras diferencias!- llamado que realizamos nuevas agrupaciones mapuche, frente a un consejo asesor de la situación indígena, el cual busca una distensión del diálogo abogando por la adquisición de tierras como salida al daño secular a una filosofía de la conciliación.

El diálogo abierto una vez, truncado cien veces en el parlamento con los delegados de la opinión pública y rechazado por un pueblo descendientes de mestizos que se niega a si mismo por desconocimiento, es la constante. Un pueblo chileno atrapado en el lenguaje de la frustración, bajo un afán de reconocimiento desmedido, cuyo único fin es alcanzar la cima de una pirámide social, trastoca el significado ancestral de un marrichiweu en un grito de guerra contra un sistema que los aliena; grito que en verdad es un llamado enérgico en un “diez veces venceremos”, no a otros, sino a si mismo.

Competencia
La competencia de este personaje conceptual se ubica en dos de los cuatro terrenos identificados: el relato y lo trascendente. Ambos se dan cita en una posición dialógica arcana y ancestral , que busca el espacio hacia lo público en el acercamiento de una lengua y su aceptación dentro de un origen e historia comunes muchas veces olvidada; reconocida centenariamente como afrenta, cuando se infringen los derechos civiles o de propiedad de unos u otros.

Mi personaje conceptual entonces , se desenvuelve en una competencia para un terreno sanguíneo mestizo y mixto del relato trascendental, haciéndose además presente una  reflexión de gran riqueza semántica, en donde éste hombre transforma su origen único -aquella acuñación que la madre tierra realiza con su hijo- en un acto colectivo, organizado como hechos rituales que se hacen presente desde hace milenios,  de los cuales se erigen nuevas y sabias verdades, compromisos que serán transformados en acciones por aquél que lucha por su pueblo, por su identidad que es relato transmitido de generación en generación.

Un hombre polémico en nuestros tiempos, cree en una ciudadanía libre de sujeciones arbitrarias sobre el deber ser, valiéndose de herramientas simples y universales para su desenvolvimiento, a saber: 1) el agruparse para pensar el bien común como una posibilidad cierta de realización dentro de una conformación de poderes políticos autónomos a la oligarquía dirigencial. 2) acercándose al derecho universal, estableciendo los deberes y derechos del mapuche en una sociedad cosmopolita, incluyendo ahora dentro de su identidad un ser jurídico y político libre de aceptar o renunciar a las convenciones existentes.

A nuestra ciudadanía con un alto nivel de mestizaje, se le plantea entonces el desafío de aceptar en sus relatos esta lengua , está semántica de la lucha que es símbolo de perpetuación y ahora también deseo de reconocimiento, que incluye un derecho de coexistencia que va más allá de recibir aportes en dinero y tierras de un estado benefactor que entrega y limita su acción por el deber de la devolución, que es material como moral , en una coacción que va acorde a la posición ideológica imperante.

Por último es necesario explicar que ningún compromiso de parte de esta ciudadanía mestiza tendrá valor objetivo, sino se internaliza primero como práctica socialmente aceptada la búsqueda de un derrotero distinto por parte de un pueblo de hombres polémicos y trascendentes, conforme a una reflexión sistemática de su hacer, tomando en consideración aquella sabiduría ancestral mapuche que nos invita a controlarnos y estar vigilantes de nosotros mismos en un relato que es a la vez competencia perteneciente a un creador.

Justificación


La justificación de este personaje conceptual, se da dentro de un contexto que entiende a este individuo como insignia de la negación a seguir una estructura moral que posiciona al mapuche como ser otrorizado. Este es un rebelde que provoca la disidencia entre una ciudadanía que intenta construirse en base a modelos foráneos de institucionalización y cultura. Es un personaje único, que se desenvuelve entre la manifestación y lo arcano. Por ello, se le ha llamado hombre polémico desde dos construcciones de significado que son vitales para su revelación: el  concierto civil y religioso.

El primero ámbito, ha buscado un perfil y creado un estereotipo de mapuche con el propósito de estancar el diálogo en instancias políticas. Se ha transformado la polémica en un tipo de terrorismo especial, un terrorismo de estado que se castiga ante cualquier nefando acto contra la propiedad privada del hacendado. Mientras el ciudadano que se hace presente en la crónica roja, goza de juicios con soluciones abreviadas, el mapuche es recluido con medidas de seguridad extremas, imputándosele castigos que nuestra legislación hace exclusiva para los pertenecientes a la etnia. El segundo ámbito, el religioso, resucita a un blasfemo y hereje que se niega a reconocer a Dios en su sagrado vínculo con los gentiles, aquellos que adoptaron la tradición judía como camino a esa trascendencia que promete un camino sin dolor.

¿Será ésta falta de conciencia, estas carencias de sentido las que llevan al proceso de discriminación, acompañadas de manifestaciones irascibles contra este hombre milenario?

Pregunta que nace en el reconocimiento de la conexión cosmológica del ser mapuche con los elementos naturales, que es a la vez renovado compromiso con la purificación del espíritu y lo material en las aguas de un río testigo del pacto. Una suma de nuevos significados a los conceptos, nuevas simbolizaciones que complejizan el estar como una suerte de código secreto dado los hombres de entendimiento elevado y puro. Un lenguaje que no posee dentro de su diccionario palabras como frustración, miedo y cobardía; un diccionario que cree en el avanzar sin retroceder. Es necesario extender este poder, esta semántica de la libertad sin muerte.

Identificar a este hombre polémico, se justifica como reconocimiento a una semántica libertaria que se da en un ceremonial del espíritu , donde este milenario ser se reúne con sus antepasados. El relato trascendente mapuche, del morir para seguir caminando, ve su opuesto en el sentir de la perdida occidental, estableciendo distancia con aquél pesar por el cuerpo material perdido, en donde morir representa la ruptura con el legado de lo adquirido, de lo ganado en la aspiración inmortal del recuerdo. Si bien el momento del entierro mapuche no esta ajeno al dolor y todo su pesar, se diferencia en la capacidad de “conversar la muerte” como aquel paso a un nuevo comienzo; momentos que se transforman en una expresión del recuerdo guardado, pero también en una expresión filosófica que arenga al guerrero a seguir.

Finalmente y como punto de síntesis, quiero decir que esta justificación nace como reconocimiento al que es polémico, al que persevera ir en contra de la masa conformista e irreflexiva de nuestros tiempos , en donde la ciudadanía mapuche – huinca se dará en una existencia sin hacer usufructo de la institucionalidad; sino conociéndola y respetándola, en donde demarcar un proceso autónomo de liberación de lo extático secular, es un compromiso con Chaw Ngenechen y el Dios de occidente, una acción siempre evolutiva hacia el bien hacia sus pares y por supuesto, mantenerse lejos de la especulación y el simulacro moderno.

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