Sin dudas, de todos los medios de comunicación, es la radiodifusión la que mejor representa al siglo XX, y sin embargo, también es la que mejor se ha adaptado al nuevo milenio, adoptando lo mejor de las nuevas tecnologías, se ha reinventado una y otra vez, pero al parecer nunca nos dejará, ya que cuenta con atributos propios tales como permitirnos hacer otras actividades mientras las escuchamos, la radio nos acompaña pero no nos distrae, de hecho ninguna legislación en el mundo prohíbe escuchar música o informarnos por la radio mientras estamos al volante.  incluso, ahora mismo, mientras escribo esto, escucho un tema suave en inglés.

Inevitable, no recordar de mi infancia programas radiales que nos acompañaron, primero en un lindo radio transistor japonés de bolsillo que me regalo mi abuelo, que además venía con un “compacto” audífono (que mi madre odiaba porque según ella parecía audífono de sordo) y ya más grande una radio multibanda o banda ancha, regalo de navidad de mi padre, en el cual también escuche transmisiones de todo el mundo (y para callado, escuchaba Radio Moscú) , crecí con “Radiotanda”, con “La bandita de Firulete”, pero mis mejores recuerdos fueron escuchando al “Siniestro Doctor Mortis”, y aquí me quiero quedar, contándoles un poco la historia de este mítico programa radial y de el no menos carismático y polifacético creador, Don Juan Merino Cabello.  

A finales de los años setenta y principio de los ochenta, el radio teatro era un género en retirada, sin embargo, aún se podían escuchar por Radio Portales, si la memoria no me falla, lo que sería la última década del programa radial del “El Siniestro Doctor Mortis”, que nació en la década del cuarenta en Punta Arenas y su máximo esplendor fue en los años sesenta, en radio difusión nacional.

Yo lo escuchaba, no sin algunos problemas, ya que no era en horario para menores, y tenía prohibido escuchar radio a esa hora, me tapaba con las colchas de mi cama, con la complicidad de mi nana que me regalaba las pilas para la radio, me ponía ese ridículo audífono mono que usaba mi abuelo para ir al estadio y me dejaba llevar por la imaginación (y el terror) con las narraciones de Juan Marino y los guiones de su esposa, Doña Eva Martinic.

El programa tenía una particular apertura, a los sones de “Una noche en el Monte Pelado”​  un poema sinfónico del compositor ruso Modest Músorgski. La pieza fue originalmente inspirada por un cuento de Nikolái Gógol, en la cual un campesino presencia un aquelarre en el Monte Pelado, cerca de Kiev en la Noche de San Juan, que ya por si misma era bastante terrorífica, más aún a mis nueve o diez años, para luego continuar con la voz no menos lúgubre del mismísimo Doctor Mortis, quien era el presentador y narrador de una  diferente historia cada noche, la cual remataba con una horripilante y macabra risa, que me paraba los pocos pelos que tenía en el cuerpo a esa edad. Las historias eran interpretadas por diferentes actores y era rica en efectos de sonido. la verdad es que muchas cosas no las entendía, era muy pavo aún, pero intuía que, si el heredero del Conde McMorris tenía que pasar una noche en el castillo embrujado, era porque algo iba a pasar, las historias eran por lo general bastante livianas de entender, a pesar de que su creador insistía en poner nombres en ingles a sus personajes, lo que hacía que en ocasiones perdiera el hilo narrativo, pero a esa edad, eso era lo menos importante, yo alucinaba igual con las actuaciones y los sonidos de fondo, como puertas, pasos, búhos, aullidos, etc. Y en no pocas ocasiones casi revente mis riñones, por miedo a levantarme al baño o de tener más de una noche de pesadillas. Pero como dice el dicho: “el miedo es natural en el prudente, y el saberlo vencer es ser valiente” …por supuesto que superé mis sustos infantiles y guardé hasta adulto esa fascinación por una buena novela o cine de terror.

Hoy, escribo esta breve historia, porque es 7 de septiembre, y es el día del cumpleaños de Juan Merino Cabello, escritor, guionista, compositor, director de orquesta chileno, creador y verdadera voz del Doctor Mortis, y en recuerdo a los cien años de su nacimiento.

Y tal como se despedía el Siniestro Doctor Mortis, Buenas Noches …. Y descansen en paz…..JAJAJAJAJAJA…¡¡¡¡¡¡

Julio Tobar Valdés

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