La economía como ciencia social requiere de una fuerte revisión de sus postulados iniciales, donde será necesario realizar una breve mirada al pasado, presente y futuro de los agregados que pueden entregarle un necesario nuevo carácter a la forma de llevar a cabo una ciencia que en el siglo XXI ocupa herramientas que fueron inventadas en él hace más de dos siglos, siguiendo recetas que han profundizado un sistema económico basado en la acumulación de capital en pocas personas, generando una inequidades que han repercutido a todos los subsistemas dependientes del económico.  Por lo tanto, hoy en día, basado en el explosivo aumento demográfico a nivel mundial, resulta fundamental replantear las formas de comportamiento económico a nivel mundial, con el objetivo de reducir las “externalidades”, que por muchos años no han sido tomadas en cuenta de manera seria por muchas naciones.

En esta misma línea, el triunfo cultural a nivel global de una sociedad construida en base a la carestía y el consumismo, desde la revolución industrial hasta la actualidad, ha desatado en el desequilibrio, ya no sólo de la esencia del hombre en sí (cuerpo, alma y espíritu), sino que también con su entorno. Si bien, producto de ello se puede reconocer un alto grado de desarrollo en lo material, al mismo tiempo se ha perdido el objeto de tal desarrollo, el “bienestar social”, reemplazándolo por un simple “bienestar material” destinado para unos pocos.

En esta oportunidad se quiere dejar evidencia de la importancia de conocer los parámetros que han marcado los elementos que constituyen el sistema económico, basado en un modelo que requiere ser revisado de manera profunda para en primera instancia entender su conexión directa con las causas del deterioro al medioambiente, lo cual repercute en la llamada “crisis climática” que requiere modernizar los paradigmas de un modelo económico tradicional a uno donde incluya aspectos tan relevantes como la incorporación de la colaboración dentro de sus premisas, cambiando uno de los principales postulados del capitalismo industrial que viene arrastrándose del siglo XVIII, donde se plantearon soluciones para esa época, principalmente por Adam Smith que postulaba tres preceptos básicos para la economía; el individualismo, plena libertad económica y la división del trabajo.  

La discusión a nivel mundial sobre la intervención del Estado en la economía tuvo lugar en la posguerra de la Primera Guerra Mundial, donde las posiciones frente a un mismo fenómeno económico eran totalmente radicales, por un lado, Keynes profesaba la necesidad de una fuerte posición intervencionista del Estado para el control de la economía, mientras que Hayek apostaba por la libertad absoluta del mercado, donde la desregulación incentivaría el crecimiento económico.

En el caso de Chile, en los años 70’ hubo una fuerte influencia del capitalismo fue marcada por Milton Friedman y su Escuela de Chicago, donde participaron algunos profesores de la Universidad Católica de Chile, para implantar la llamada “Doctrina del Shock”, con medidas económicas inmediatas e impactantes, tan fuertes que querían cambian la mirada hasta los días de hoy con la reducción de gastos públicos en educación, salud y políticas sociales.  Estas políticas, fueron exportadas a una gran cantidad de países, con distintos matices y, particularmente en Chile se ha mantenido con distintos cambios desde esa época acompañado de una Constitución Política que viene de los años 80’ que profundiza y valida la existencia de este modelo económico.

En el año 1982 se produjo una de las crisis económicas más grandes llamada la “gran depresión”, donde se dio espacio propicio para implementar las medidas de Shock, donde muchos otros países latinoamericanos fueron afectados, siendo incapaces de pagar sus deudas externas.  Para dar soluciones a la forma de pagar la deuda externa de las economías latinoamericanas, se efectuó el “Consenso de Washington”, consistente en la adopción de las llamadas “diez medidas” para salir de la crisis, con esto se dio paso a una profundización del modelo del sistema neoliberal, involucrando organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entre otros organismos supranacionales que persisten en estos tiempos.

Por su parte, el cambio de óptica requiere de una economía que pueda contemplar mejoras de manera estructural, donde las personas puedan tener un presente más llevadero que les permita proyectarse al futuro junto a sus seres queridos, el cambio contempla parámetros que tienen relación directa con pasar de una economía que propiciaba el individualismo y la competencia a una que promueva el trabajo en conjunto y la colaboración. 

La idea de una economía que pueda contemplar una mirada a los recursos naturales no es nueva, Arthur C. Pigou en el año 1919 introduce la idea de “externalidad negativa”, la cual sirve como soporte teórico para comenzar a hablar de los problemas de contaminación, por su parte Harold Hotelling en el año 1931, plantea la idea de que “consumiendo más de un bien y menos de otro, se produce un aumento de utilidad” esto es conocido como el “principio de equimarginalidad de Jevons”, más conocido como “utilidad marginal”.  La importancia de estos dos autores es que son los precursores de la Economía de los Recursos Ambientales y Naturales o también conocido como la economía Ambiental, siendo su eje de análisis central la economía de los recursos ambientales, tratando la escasez y abundancia, reconociendo que la escasez de bienes económicos limita su explotación.

Dos fueron los eventos más importantes que entregaron los primeros indicios por la preocupación por el medioambiente, por un la do la Conferencia de Nacionales Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, realizada en Estocolmo de 1972 que vino a confluir la postura que tenían varias agencias de organismos internacionales como la FAO, OMS, entre otras, obteniendo una primera aproximación de lo que se persigue para el ser humano, donde “El hombre tiene el derecho fundamental a la libertad, la igualdad y el disfrute de las condiciones de vida adecuadas en un medio de calidad que le permita llevar una vida digna. Primer intento de vincular los derechos humanos y el ambiente e inicio del enfoque antropocéntrico de la conservación del ambiente”.

El otro evento que marcó un fuerte precedente respecto al compromiso de los Estados con su rol político frente a la economía y medio ambiente fue la Conferencia de Río realizada en 1992 en Brasil, marcando un punto de inflexión respecto al cuidado y preservación del medio ambiente, especialmente en lo que se refiere a sostenibilidad, consumo de bienes y producción marcaron hitos importantes la configuración de dos temáticas una sobre la Diversidad Biológica y el Convenio Marco de Cambio Climático.

En definitiva, los compromisos establecidos por los Estados a partir de la Conferencia de Estocolmo en adelante fueron adosadas a principios globales que comenzaban a hablar de la degradación ambiental y la llamada “contaminación transfronteriza”.   Posteriormente, durante varios años se siguieron haciendo otras conferencias que año a año se tratan de incorporar nuevos compromisos relacionados con el medioambiente, siendo obstaculizadas muchas veces por otras políticas globales interpuestas por otras organizaciones internacionales que avalan el modelo neoliberal como lo fue el propio Consenso de Washington descrito anteriormente.

Otras aproximaciones a las tendencias que involucran a la economía con el medioambiente esta dado por la “economía ecológica”, impulsada por Nicholas Gerogescu-Roegen, quien publicó en el año 1971 la Ley de la entropía y el proceso económico., donde señala que “no incluir las leyes de la biología y la termodinámica en la economía era un grave error”, con esta afirmación vino a abrir un nuevo campo de trabajo hacia nuevas disciplinas que pueden relacionar las biología y la física, con el fin de dar la posibilidad de personas que no necesariamente sean expertas en el área económica participar en decisiones del ámbito económico, utilizando en particular la evaluación monetaria y física de los impactos ambientales, de actividades productivas sobre el medio natural, incluyendo de esta forma una nueva manera de abordar los equilibrios entre el crecimiento con límites físicos y biológicos de los ecosistemas, tratándolo como un sistema integrador donde la teoría general de sistemas (ecología)  tiene una profunda relación como es la economía ecológica. 

Por su parte la economía chilena corresponde a un modelo dependiente del extractivismo, cuyos ingresos provienen de productos y servicios de escaso valor agregado como ocurre con la producción en masa de commodities como es el cobre y los metales preciosos, que a la vez genera una alta dependencia de las grandes economías como son las estadounidenses y china, donde hay una amplia oferta que genera consecuentemente una baja sostenida en su precio, este modelo constituye una característica de los países subdesarrollados, donde se aplica poca tecnología y a la vez el crecimiento de su industria genera residuos que contribuyen negativamente al deterioro del medioambiente. Esta forma de producción adaptada a la chilena replicó fielmente el modelo fordista, basado en la aceleración de procesos en pos de presentar una mejor producción, dejando lamentables consecuencias, traducidas en externalidades que se justificaban como “los efectos del progreso”, que fueron aceptadas como parte de la normalidad.

Para llevar a cabo una economía que propicie un modelo de desarrollo sustentable, es necesario contemplar aspectos sociales, económicos y medioambientales, que se complemente con regulación adecuada del Estado, estableciendo un equilibrio entre las políticas de mercado que tiendan  a colocar los avances científicos y tecnológicos en el centro, para producir con una mirada sustentable, integrando nuevas disciplinas a la economía, reconociendo que esta ciencia proviene de una más grande como es las ciencias sociales, con esto se busca adaptar sus supuestos desde las teorías clásicas, basadas principalmente en procesos, rentabilidades y, en general, aspectos donde predomina la lógica y la racionalidad como argumento para la toma de decisiones, para pasar a la revalorización de los sistemas abiertos, con una lógica polivalente, donde existan varios escenarios que puedan dar cuenta de cuál es el rumbo que se quiere elegir para avanzar y sincronizar sus decisiones hacia una nueva mirada más inclusiva que contenga en sus postulados una marcada tendencia hacia la transparencia y ética en la ciencia económica, que ha estado ausente desde sus inicios. 

Después de haber analizado las posibilidades que ofrece el cambio de paradigma en la economía, es preciso fijar metas concretas frente a aspectos tan fundamentales que formar parte de compromisos que independientemente se encuentran suscritos a nivel internacional por el Estado de Chile, resulta importante recordarlos en términos de lo siguiente: Hacer seguimiento a la Contribución determinada a nivel nacional (NDC), regulación clara sobre recursos agua, comprometido con Naciones Unidas, mitigar gases de efectos invernadero (GEI) para el año 2030, acelerar plan de descarbonización (Chile carbono neutral 2030), acelerar plan de energías renovables no convencionales (ERNC), plan de reforestación, embalses, desalinización, plan de gasificación para la calefacción del sur de Chile, incrementar inversiones sustentables, eliminación de subsidios a los fósiles, propiciar el plan de baterías de litio, propiciar Ley de Impuesto Verdes para todas las emisiones, etc.

Para propiciar cada una de estas medidas, es necesario generar robustecer el Ministerio de Medioambiente, proveyéndolo de un marco jurídico adecuado que permita llevar a cabo políticas más proactivas en su quehacer cotidiano para generar transformaciones que realmente sean estructurales, con el objetivos de colocar en el centro las personas y toda forma de vida, donde se incluya una fuerte dinamismo económico que permita dar paso al desarrollo de actividades tan necesarias como desarrollo de pymes, agricultura familiar, entre otros ejemplos que permitan una economía más solidaria que permita colocar aspectos éticos en todas sus dimensiones.

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